Opinión
Por Roberto Cadagán , 10 de julio de 2024 | 14:31

Opinión: Juramento a la Bandera

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Columna de opinión del general de brigada Edward Slater Escanilla, comandante en jefe de la III División de Montaña

Columna de opinión del general de brigada Edward Slater Escanilla, comandante en jefe de la III División de Montaña.

Jurar ante el Estandarte Nacional, el que representa a la Patria toda, es un compromiso que invade de emoción el corazón del soldado, por tratarse de un momento único e irrepetible en la vida, asumido de manera voluntaria en plena juventud y que sin duda, por su profundo significado le acompañará más allá de la carrera militar o su servicio en la Institución.     

Es así que, inspirados en la hazaña más heroica de toda la Guerra del Pacífico y en homenaje a los 77 héroes de La Concepción, este 9 y 10 de julio, en todo el país, miles de hombres y mujeres, recientemente incorporados al Ejército, juran ante nuestro más sagrado símbolo y se comprometen con la Patria, hasta rendir su vida si fuese necesario.
 
En este contexto, a lo largo de nuestra División de Montaña, se han efectuado los preparativos para que esta ceremonia pública tenga la trascendencia que se requiere ante autoridades, familiares de los juramentados y la ciudadanía, dedicando extensas jornadas de ejercicios de escuela y ensayos para lograr marcialidad, sincronía y solemnidad, pero también para  remecer  los corazones y conciencias de nuestros soldados, respecto a este significativo paso en sus vidas.   

En los días previos, los juramentados han podido revivir la heroica jornada del combate de La Concepción en las tradicionales alegorías históricas, que recogen y transmiten el legado de valor y virtudes que deben decorar a un soldado del Ejército de Chile, sellando esta preparación con una Vigilia de Armas, liturgia realizada en los principales templos donde se encuentran asentadas nuestras guarniciones, desde Los Andes a Puerto Varas. 
 
El juramento al que nos comprometemos se vive diariamente en cuarteles y en terreno, durante el desarrollo de nuestras actividades de instrucción y entrenamiento para la defensa del país, pero además cada vez que nuestros compatriotas necesitan de apoyo, como ha quedado de manifiesto en tareas de auxilio a la comunidad por frentes de mal tiempo, catástrofes y emergencias, cada día más recurrentes y devastadoras, así como en labores de búsqueda y rescate, muchas de estas situaciones aún en desarrollo a lo largo de nuestra División de Montaña, agregando también a ello a nuestro personal desplegado en la macrozona sur por el Estado de Excepción, quienes se encuentran brindando seguridad a los habitantes de las regiones de La Araucanía y Biobío. 

En este orden de ideas, es justo también reconocer a los jóvenes que, año a año, optan por cumplir con su Servicio Militar en el Ejército, haciendo extensivo este agradecimiento a sus familias y apoderados, quienes hoy los apoyan en esta importante etapa de sus vidas.  

Para retribuir esta confianza, trabajamos por el mejoramiento continuo del proceso de selección, en el perfeccionamiento constante de la instrucción y entrenamiento, y en el incremento de las opciones de desarrollo y bienestar de nuestros soldados, constituyendo al período de conscripción como una oportunidad de crecimiento profesional para nuestros reclutas, quienes en un porcentaje relevante deciden continuar en la Institución integrando su planta permanente.
 
En los días en que en las plazas de nuestro país, se escucha nuevamente el atronador y al unísono: “Juro por Dios y por esta Bandera, servir fielmente a mi Patria…hasta rendir la vida si fuese necesario”, la gesta de La Concepción reaparece más intensa y conmovedora que nunca, recordándonos  que en aquella lejana guarnición en la fría sierra peruana, ninguno de los nuestros sobrevivió a las largas horas de asedio, combate y muerte.  

Sólo los corazones de los oficiales de la Cuarta Compañía del Batallón "Chacabuco", fueron traídos a Chile como testimonio de esa memorable gesta y depositados definitivamente en 1911 en una cripta de mármol al interior de la Catedral Metropolitana, bajo la inscripción: "Aquí, en el primer templo de Chile y a la vista del Dios de los Ejércitos, para perpetuo ejemplo de patriotismo se guardan los corazones de Ignacio Carrera Pinto, Julio Montt Salamanca, Arturo Pérez Canto y Luis Cruz Martínez”.  

Y es que estos nobles órganos fueron recientemente sometidos a un proceso de conservación, con el objetivo de mantenerlos en perfecto estado y así perpetuar este testimonio de valentía, honor, lealtad, compromiso, valor y patriotismo para nuestras futuras generaciones de ciudadanos como huella imperecedera de nuestra historia, la que gracias a Dios no necesita de leyendas y mitos para proclamar lo que fueron capaces de realizar nuestros hombres y mujeres durante la Guerra del Pacífico, cumpliendo con su deber y combatiendo en el desierto más seco del mundo y luego en la desoladora sierra peruana, rindiendo sus vidas en pos de la libertad, el honor y la gloria, inmolándose en aras de la Patria que hoy tenemos el deber de cuidar y respetar.

¡Viva Chile y su Ejército!

 

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